
Los precios de los combustibles aumentaron 86 por ciento desde que asumió Javier Milei. Fueron tres incrementos: 38, 27 y 6,5 por ciento, este último apalancado por la actualización de los impuestos específicos.
La suba tan pronunciada en poco tiempo tuvo su lógica consecuencia en los surtidores. Según un informe de la Secretaría de Energía, en enero, el consumo de naftas y gasoil en estaciones de servicio cayó 5.76 por ciento respecto al mismo mes del año anterior.
El registro, si bien no refleja los pronósticos más pesimistas que auguraban un derrumbe mucho mayor de los despachos, marca un punto de inflexión en el sector, que venía experimentando subas constantes.
Lo que sí fue un severo golpe fue el desplome de la demanda de la nafta de mayor calidad, de 22.67 por ciento. El dato no sería quizás tan preocupante si los litros perdidos hubieran migrado a la súper, pero los números marcan una realidad bien distinta: las ventas interanuales de este producto se mantuvieron inalterables, lo que refleja la decisión de los consumidores de no usar el auto y explorar otras alternativas de movilidad.
La situación del resto de los derivados acompañó la tendencia a la baja: -7.5 por ciento para el caso del diésel premium y -3.8 para el gasoil.